Marta y Juan. Dos auténticos afortunados

Marta y Juan son de esas parejas que, después de muchísimos años juntos, por fin deciden dar el paso ante la alegría, nervios y emoción de toda su familia y amigos.


Y así es como llegaron a Detallerie. Una soleada tarde de noviembre nos dijeron que querían casarse, pero que no sabían por dónde empezar. Lo único que tenían claro era que Detallerie tenía que estar presente en su boda y que noviembre era su mes.

Así que desde el primer día nos pusimos manos a la obra, contagiadas también por toda la ilusión que transmitían.


Querían una boda que sobre todo fuera muy familiar y divertida, pero sin renunciar a un buen servicio y por supuesto con una decoración bonita, otoñal y muy cuidada.


Buscamos para ellos una localización donde, además de un bonito jardín, los espacios interiores fueran agradables puesto que en noviembre la amenaza de mal tiempo es más probable.

Y así fue como acabamos en una preciosa masia a las afueras de la ciudad, con jardines imponentes donde disfrutar de un bonito aperitivo y una sala cálida y a la vez luminosa para celebrar una comida de otoño.


A partir de aquí lo llenamos todo de los tonos del invierno; granates, ocres, morados y verdes. El resultado empezó a verse en la línea gráfica que diseñamos para ellos, que era muy elegante y dulce a la vez.








¡Y por fin llegó el gran día! Después de un año trabajando junto a ellos, llegó el momento de su “sí, quiero” más importante.

Después de una ceremonia preciosa, Juan y Marta tuvieron la gran suerte de que, a causa de obras en la fachada principal del monasterio donde se casaban, les dejaron hacer la salida y las fotos en el claustro. ¿A que son una pasada?

























Una vez los novios y sus invitados llegaron a la masia, empezó un suculento aperitivo lleno de bufets. Para poner el toque festivo, y como sorpresa para Juan, Marta quiso contar con la presencia de Pianobar.

Y enseguida todos, mayores y pequeños, empezaron a bailar… ¡y qué bailes! Pero es que cuando en el día de tu boda estás rodeado de tu familia y amigos todo es diversión y juerga.

















La fiesta continuó también dentro del salón, donde tuvo lugar la comida y donde les esperaba un precioso montaje en tonos morados, ocres y verdes, típico del otoño. Nada más empezar, los invitados sorprendieron a Juan y Marta con un vídeo que les arrancó las primeras lágrimas y carcajadas. Después de ese regalazo siguió la emoción con un sinfín de momentos especiales tanto para los novios como para sus invitados.











Antes de abrir el baile, Marta quiso tirar su ramo desde el balcón de la masia, así que sus amigas solteras se agolparon en el patio para conseguir ese premio tan especial; ¡el ramo de su primera amiga casadera!

Fue en ese instante cuando empezaron los rayos y truenos, así que con un poco de prisa bailaron el vals tradicional y acto seguido… ¡el momento estelar de la noche! Para entrar desde el exterior de la masia hacia la sala del baile, los invitados hicieron un pasillo en el que cada uno pasaba por en medio improvisando un paso de baile… ¡fue espectacular!








Siguiendo con la tradición de su familia, preparamos para ellos cientos de accesorios y disfraces flúor para animar la fiesta. Y, por deseo del novio, un enorme donut wall para calmar los antojos dulces y renovar energías entre baile y baile.